Las Salineras de Maras impulsan un modelo de turismo comunitario y exportación sostenible en Cusco

Una cooperativa familiar mantiene desde hace más de tres décadas una producción artesanal que abastece al Perú y exporta a más de diez países

(Source: Mary de Aquino.)

Un emprendimiento nacido en la montaña, a exactamente 3.380 metros de altitud, en el distrito de Maras, provincia de Urubamba, región de Cusco. Las Salineras de Maras se han convertido en un ejemplo de cómo el patrimonio natural puede generar ingresos, preservar la cultura y fortalecer a las comunidades.

Formadas por más de 3.000 pozas de sal —que alcanzan hasta 5.000 durante la estación seca—, las salinas se extienden a lo largo de 6,8 hectáreas de laderas blancas y rosadas. La sal proviene de un manantial subterráneo que brota de la montaña Qaqawiñay, con una salinidad de entre 18% y 24%, seis veces superior a la del mar.

Una organización que refleja la fuerza de la comunidad

La producción es administrada por una cooperativa compuesta por unas 630 familias asociadas, provenientes de las comunidades de Maras y Pichingoto. Cada familia posee entre 25 y 30 pozas, heredadas a lo largo de generaciones.

La empresa Marasal S.A., formada por los propios productores, cumple 30 años de existencia y se organiza en tres áreas: producción, turismo y administración. Este modelo garantiza autonomía y participación directa de los habitantes en las decisiones y beneficios. Desde hace 25 años, reciben turistas de todo el mundo, convirtiendo a la cooperativa familiar en un referente de turismo comunitario.

Sal artesanal que llega al mundo

El método de cosecha se mantiene fiel a la tradición milenaria: las pozas se llenan con agua salada y, tras tres o cuatro semanas de evaporación al sol, los cristales forman capas de hasta 10 centímetros de espesor.

Aproximadamente el 70% de la producción se consume en el Perú, y el 30% se exporta a países como Alemania, Francia y varias naciones asiáticas.

La sal rosada de Maras, reconocida por su alto contenido mineral y su sabor equilibrado, se ha convertido en un símbolo de calidad en la gastronomía peruana, la más premiada de América Latina.

Patrimonio y turismo sostenible

En 2019, las Salineras fueron incluidas en la Lista Indicativa del Patrimonio Mundial de la UNESCO, en reconocimiento a su valor histórico y al modelo de turismo comunitario desarrollado en la región.

Actualmente, la actividad turística recibe entre 300 y 400 visitantes diarios en temporada baja, y hasta 2.000 durante los meses secos.

El sitio se ha consolidado como un destino estratégico en el Valle Sagrado de los Incas, atrayendo a viajeros interesados en experiencias auténticas y proyectos sostenibles.

Maras demuestra que la gestión colectiva y el turismo comunitario pueden avanzar de la mano, transformando la sal en una economía que da sabor a muchos territorios.

Texto y fotos: Mary de Aquino


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