En el marco de FITUR 2026, Andrés Aramayo Bejarano, Viceministro de Fomento al Turismo Sostenible de Bolivia, compartió con Travel2latam la visión de una nueva etapa para el turismo boliviano, marcada por la internacionalización, la inversión y un fuerte enfoque en calidad, innovación y desarrollo territorial.
¿Podrías presentarte y contarnos qué está mostrando Bolivia en FITUR 2026?
Estamos viviendo una gestión nueva, con apenas un poco más de un mes de trabajo, y aun así asumimos el desafío de armar en tiempo récord una presencia sólida en FITUR. El objetivo fue claro: generar una plataforma de clase mundial para que los prestadores de servicios turísticos bolivianos puedan conectarse con los mercados internacionales.
Vinimos con una delegación muy enfocada, seleccionando con precisión los mercados a los que queremos apuntar. La apuesta es competir por calidad y no por precio, lo que implica entender muy bien el perfil del viajero que buscamos atraer. Desde el Estado estamos respaldando a nuestros empresarios, a las inversiones y al fortalecimiento de la seguridad jurídica, que es un mandato central de esta nueva etapa.
El segundo gran eje es la internacionalización: Bolivia estuvo durante los últimos 20 años fuera de la conversación global, y ahora queremos recuperar ese tiempo a través de una economía basada en servicios, creatividad, talento y turismo. Apostamos a una industria anclada en nuestra naturaleza, cultura, folclore y gastronomía. Por eso el Ministerio articula tres grandes áreas: turismo sostenible, culturas y folclore, y gastronomía, con un objetivo muy claro: alcanzar los 3.000 millones de dólares en ingresos turísticos hacia 2030 y diversificar la matriz productiva del país.
¿Cómo se encuentra hoy el turismo en Bolivia y cuáles son los destinos con mayor potencial?
Actualmente el turismo representa el 2,5% del PIB y genera unos 800 millones de dólares anuales. Podría llegar a los 3.000 millones sobre la planta actual. Es el cuarto mayor generador de divisas del país, pero el primero si hablamos de exportación de servicios.
El 75% de la fuerza laboral del sector está integrada por mujeres y en temporada alta se alcanzan cerca de 300.000 empleos. Venimos de años difíciles marcados por crisis sociales, pandemia y una compleja situación económica y ambiental, pero esta gestión decidió enfocarse en la oportunidad y no en la queja.
Hemos identificado siete destinos de rápida respuesta. Entre ellos se destacan La Paz con el Lago Titicaca y la cultura tiwanacota; el Salar de Uyuni junto a Potosí; la ruta del vino y los ajíes en Sucre y Tarija; Santa Cruz, con turismo MICE, gastronomía y naturaleza; la Chiquitanía, Chochís y Roboré; el eje Madidi–Pampas, una de las zonas más biodiversas del planeta; y el Chapare con Villa Tunari y el norte amazónico de Pando, con fuerte potencial en ecoturismo y turismo gastronómico.
Todos estos destinos se están trabajando con una estrategia de digitalización, que permitirá luego lanzar campañas internacionales y captar leads calificados para transformar interés en ventas reales.
¿Cuál es la hoja de ruta para 2026 y los próximos años?
El primer paso fue posicionar al turismo dentro del corazón del Estado. Hoy forma parte del Plan de Desarrollo Económico y Social y del plan de gobierno a cinco y diez años. Se creó un Ministerio de Turismo y el sector dejó de ser marginal para convertirse en un eje estratégico.
El segundo punto es la internacionalización. Estamos diseñando un calendario de ferias y acciones hasta 2030 para abrir oportunidades de negocio para los privados. El turismo es visto como un generador de divisas, empleo y crecimiento, y Bolivia tiene todo para ser un actor relevante en el escenario global.
El tercer eje es el turismo interno, porque genera orgullo nacional, cohesión social y una economía de la confianza. El boliviano debe conocer su país para poder cuidarlo, valorarlo y participar activamente del ecosistema turístico.
¿Qué rol juega la educación y la formación en esta transformación?
Hemos detectado que muchas carreras de turismo están desactualizadas. Por eso estamos trabajando con universidades para modernizar los programas, incorporando Big Data, inteligencia artificial, finanzas, desarrollo y nuevas tecnologías.
También es clave fortalecer la formación técnica: guías, transportistas, hotelería, gastronomía y todos los oficios que sostienen la industria. El turismo genera más de ocho encadenamientos productivos y multiplica el impacto económico en más de 130 sectores.
Pero la formación debe comenzar desde la escuela. El país tiene que crecer sabiendo que el turismo es una oportunidad real de desarrollo. Bolivia es rica en minerales y recursos naturales, pero durante siglos eso solo trajo dinero, no desarrollo. El verdadero desarrollo llegará con una economía basada en servicios, conocimiento y turismo, y para eso todos debemos formarnos y profesionalizarnos.