El combustible para aviones se mantiene como el principal costo operativo de las aerolíneas, representando el 29,1% del total en América Latina y el Caribe. Esta dependencia convierte a la industria en especialmente vulnerable a la volatilidad de los precios energéticos, donde no solo importa el nivel alcanzado, sino la rapidez e imprevisibilidad de los cambios.
En los últimos meses, el conflicto en Oriente Medio y el cierre del estrecho de Hormuz han generado fuertes tensiones en el mercado, elevando los precios del combustible hasta un 200% en algunos mercados y poniendo en riesgo el suministro. Este escenario impacta directamente en la rentabilidad de las compañías, ya que los costos aumentan de forma inmediata, mientras que los ingresos tardan más en ajustarse.
La experiencia reciente demuestra que, en períodos de crisis —como 2008, 2020 y 2022—, los picos en el precio del combustible llevaron a la industria a márgenes nulos o negativos. En contraste, entre 2015 y 2019, un entorno de mayor estabilidad permitió a las aerolíneas adaptarse y sostener márgenes positivos cercanos al 7%.
Además, el comportamiento del jet fuel suele seguir la evolución del petróleo Brent a largo plazo, aunque con mayor volatilidad en momentos de tensión. En este contexto, el “crack spread” —la diferencia entre el precio del combustible refinado y el crudo— se ha ampliado, reflejando presiones persistentes vinculadas tanto a conflictos geopolíticos como a limitaciones en la capacidad de refinación.
“Los costos de las aerolíneas son altamente variables y están determinados por los cambios en el precio del combustible, los impuestos y la mano de obra. En particular, los costos del combustible dependen en gran medida de las variaciones en el precio del barril de petróleo a nivel global”, señaló Paula Bernal, Country Manager de IATA Colombia.
En América Latina, este contexto se agrava por la alta carga impositiva en algunos mercados, como el colombiano, donde el incremento de los costos energéticos afecta tanto la demanda como la competitividad. Según el sector, medidas como la reducción del IVA en tiquetes y combustible han demostrado ser efectivas para dinamizar el mercado, lo que refuerza la necesidad de políticas estructurales que alivien la presión sobre la industria y fortalezcan la conectividad aérea.
Fuente:
IATA – Sustainability & Economics (WATS) / S&P Global Energy Platts